KARLA SARAHI
Mi historia hacia el diagnóstico del Síndrome de Cushing Ectópico por un Cáncer Neuroendocrino de Pulmón

Mi camino hacia el diagnóstico
- Historia escrita en Septiembre 2022
¡Hola! Mi nombre es Karla y tengo 32 años.
Esta página fue creada para contar mi historia, con el objetivo de seguir ayudando a más personas a encontrar su diagnóstico o dar esperanza a quien lo necesité.
Decidí incluir todos los aspectos de mi vida, no solo lo relacionado con la enfermedad, pues estoy convencida que las sacudidas que nos da el universo a través de una enfermedad son para ayudarnos a dar los cambios que necesitamos para nuestra evolución.
¿Quién Soy?
Es importante conocer mi pasado para comprender la historia que vas a leer.
¿Quién era Karla antes de la enfermedad? y, ¿Qué situaciones la llevaron a enfermarse?
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El cuerpo es el reflejo de nuestras emociones y pensamientos, las cuáles se favorecen o afectan por lo que sucede en nuestro entorno; trabajo, familia, amigos y relación amorosa.


25 años
26 años


27 años
28 años
¿Cómo comenzó?
Ahora que me detengo hacer conciencia de cuando empezó todo, basta con ver las notas de mi iphone y escribir la palabra "sudor nocturno", para darme cuenta que desde el 2018 empecé a registrar ese cambio, algo que sabía no era “normal” pues cada vez era más frecuente e intenso, tanto que en las madrugadas me levantaba a cambiarme la ropa empapada.
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Empecé a padecer insomnio; tardaba en dormirme y en mantenerme dormida durante la noche, levantándome de la cama a orinar de 4 a 7 veces.
Estos síntomas los platicaba con mi Doctor de cabecera, al que llamaremos el "Dr. Garza", quien atribuía los síntomas al estrés del trabajo y al ejercicio intenso que realizaba, por lo que siempre había una explicación a lo que me pasaba.
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Adicional a esto, me sentía estresada la mayoría del tiempo por el trabajo, por la presión excesiva que ponían sobre mi. En ese entonces, era Directora Comercial y "Socia" dentro de una Empresa de RRHH, lo que me hizo mantener por años un sueldo bajo sin comisiones. Ya que por ser "socia" tenía que pensar en el patrimonio que estaba generando para mi futuro, enfocándome en el crecimiento de la Empresa sin tener la satisfacción inmediata de ganar utilidades. El único "incentivo" que me daban era un bono mensual imposible de alcanzar dentro del giro, pues a la fecha nadie lo ha logrado con los servicios que ofrecen y sí, eso esperaban de mí. ($1.4M con ticket promedio de $18,000).
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Como forme parte de la empresa desde los 23 años, no tenía punto de comparación, era la única empresa "formal" en la que había trabajado, por lo que creí que algún día alcanzaría la meta, ¿Cómo no lo haría?, habían creído en mi, al grado que me ofrecieron sociedad para seguir creciendo y retenerme, "seguramente valoraban mi esfuerzo y talento", pensé. Fue tanta la presión sobre mis hombros que ya no pude manejar la ansiedad y y el sentimiento de fracaso al no ganar jamás el bono, lo que llevo al Dr. Garza a medicarme con alprazolam.
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Cuando el medicamento dejo de hacer efecto, me canalizaron con un psiquiatra, el cual en mi primer consulta me recetó un medicamento para dormir y me movió la cita para un día después. Como estaba muy renuente de irme a dormir, pues eran las tres de la tarde, se vio en la necesidad de explicarme que mi grado de ansiedad muy elevado y temía por mi seguridad, pues generalmente las personas en "mi condición" solían suicidarse, por lo que necesitaba descansar para que mi mente se clarificará. Obviamente fue tanta la impresión que causaron sus palabras en mi, que regrese a casa, tome el medicamento y dormí por 18 horas seguidas.
Al día siguiente que lo consulté, me envió con un psicólogo ya que consideraba que mi mejor opción era aprender a manejar la ansiedad con terapia psicológica, y así fue.
Situación actual
Hace un par de meses decidí "regalar" mi sociedad, pues lo único que me interesaba era cortar cualquier vínculo con ese pasado, así que fui a la notaria con un abogado de la empresa donde trabajo actualmente, quien me hizo ver que nunca fui socia legalmente, ya que mi ex socio me dijo que no necesitaba tramitar mi firma electrónica en el SAT, lo cual fue mentira, pues es requisito indispensable para una sociedad.
Fue increíble darme cuenta que me mintió tantos años haciéndome creer que estaba construyendo un patrimonio para mi hijo, el sabía lo que batallaba económicamente, pues incluso me hacía comprobarle mis gastos cuando me quejaba de que no me alcanzaba para lo indispensable, y sí, todo el sacrificio que hice por 7 años fue un engaño.
Recuerdo que además del sudor nocturno, empecé a tener hinchazón en los parpados y mejillas, como si me hubiera desvelado tomando alcohol y estuviera reteniendo agua.

2019
A principios de año empecé a darme cuenta que perdía masa muscular, por más que me ejercitará 18 horas a la semana con pesas, spininng, crossfit y hiking, nada era suficiente para mantenerme tonificada, al contrario, comenzaba a ver flacidez en mis piernas y brazos, por lo cual decidí ponerme implantes de senos en junio intentando mejorar la apariencia de mi cuerpo (más algunos comentarios tóxicos de mi pareja y falta de amor propio).
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Al mes de la cirugía, mi implante derecho se desprendió provocándome un seroma con múltiples moretones (hematomas), por lo que tuve que guardar reposo durante una semana.

Seroma
En agosto regresé con el Dr. Garza para que me hiciera estudios médicos porque empezó a salirme acné e hirsutismo; comencé a perder cabello y a subir de peso involuntariamente. Los estudios salieron dentro de lo normal, salvo el cortisol (ligeramente fuera del rango) e hipotiroidismo sub clínico, mas no le dimos importancia pues lo adjudicamos a las pastillas anticonceptivas que había dejado de tomar después de 8 años consecutivos.



Hirsutismo
Razón por la cual, días después consulté a mi Ginecóloga quién al realizarme un eco de rutina me diagnóstico el Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP), ya que mis ovarios se encontraban llenos de quistes (parecía un panal de abejas), por lo que relaciono todos mis síntomas a esto, dejándome claro que me sería imposible volver a tener un hijo.
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Me recomendó regresar a las pastillas anticonceptivas para “controlar” los síntomas, a lo cual me negué pues no quería volver a tomar hormonas, por la tanto, me receto metformina para la resistencia de insulina que causa el SOP.
Pasé mis tiempos libres en septiembre investigando sobre el SOP, para aprender a controlar los síntomas hormonales de forma natural a través del ejercicio y comida, por lo tanto, dejé de consumir azúcar y le di a mi cuerpo los suplementos que le hacían falta.
En octubre mi cara empezó a deformarse en lapsos durante el día y mis ojos se veían amarillos. Razón por la que le pedí al Dr. Garza que repitiéramos el estudio de tiroides para saber si lo que me pasaba tenía que ver con eso y además agregáramos una curva de insulina y glucosa para saber qué tan afectada estaba del SOP.

Ojos amarillos

Fotos con diferencia de 1 hora

Ecografía de un SOP "normal"

Mi ecografía
Aun cuando el resultado arrojo que tenía resistencia a la insulina y salió nuevamente el hipotiroidismo sub clínico, no le dimos importancia.
Días después me incapacite por dos semanas del trabajo porque me salió sarpullido de lado derecho sobre mis costillas. Resulto ser Herpes Zóster, en ese momento no tenía idea de lo que me pasaría los siguientes días, pues los granitos del sarpullido se convirtieron en ampollas dolorosas, las cuales se reventaban solas generándome llagas para después cicatrizar. Por si eso fuera poco, este proceso generalmente lo hace dos veces, por esa razón cada día el ardor aumentaba al grado que no sabía que hacer, fue realmente insoportable. Pocas situaciones en la vida me hacen llorar de forma inmediata, este ardor, es una de esas; ya que no solo arden las llagas, también arde por dentro como si te estuvieran quemando y no sabes que hacer para aliviar el dolor.

Herpes Zóster


Durante mi incapacidad aproveché el tiempo investigando mis síntomas tratando de encontrar respuestas, fue como di con el grupo de Enfermedad de Implantes Mamarios en FB lo que me hizo pensar que los implantes me estaban haciendo daño, pues desde la cirugía todo cambio, lo que me llevo a consultar al Cirujano Plástico que me operó, el cual me aseguró que era imposible me estuvieran haciendo daño a los dos meses de haberlos puesto, me recomendó esperar más tiempo.
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Entonces decidí consultar a un Endocrinólogo para que interpretará los resultados de mi examen de tiroides, pues sé que su enfoque son las hormonas. Sin embargo, obtuve la misma respuesta anterior, que el hipotiroidismo subclínico no significaba algo. Por otra parte, me sugirió consultar a un Cardiólogo pues mi presión arterial era alarmante, pues se encontraba muy por encima del rango normal.
Buscando una segunda opinión, consulte a un Internista, quien me solicito me realizará una larga lista de estudios de laboratorio con el fin de encontrar alguna respuesta para el tema de mi cara, ya que el sospechaba de alguna bacteria o enfermedad autoinmune. Mientras tanto, me pidió que comenzara a tomar un medicamento para bajar la presión alta.
Después de esa visita, decidí dejar de visitar doctores que no pertenecieran a la red médica de mi seguro privado, ya que no quería seguir gastando en laboratorios realizados por mi cuenta. Inicie sacando cita con la Internista para que me diera una 3er opinión y me ayudará a conseguir los pases para consultar con otro endocrinólogo y cardiólogo, además de los laboratorios pendientes.
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Esta Doctora fue la que le dio dirección a mi diagnóstico cambiando el rumbo de mi historia. Ella tiene alrededor de 70 años (lamento no recordar su nombre) y atendía en Christus Muguerza Clínica Vidriera, fue una persona muy amable, acelerada y atenta; yo le comenté que estaba desesperada al no tener respuestas a lo que me sucedía (recuerdo que en ese momento me salieron lágrimas y se me quebró la voz), a lo que ella después de analizar mis resultados mirándome fijamente me contesto: “tienes un tumor en el cerebro con una enfermedad llamada Cushing” ambas hicimos una pausa y me pregunto: “¿pero… esto ya lo sabías verdad?, ¿tú ya sabias que tenías Cushing?” a lo que asentí con la cabeza, pues después de toda mi investigación sabía que tenía muchísimos síntomas del síndrome de Cushing y de la enfermedad de implantes mamarios.
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¿Qué es el Síndrome de Cushing?
En pocas palabras, afección que se produce debido a la exposición a altos niveles de cortisol durante un tiempo prolongado.
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Salgo de la consulta en shock, llamándole a mi hermana llorando con mis sentimientos encontrados, por una parte, me encontraba feliz de saber que nunca estuve loca y que de alguna forma tenía un diagnóstico y pronto estaría recuperada, pero por otro lado este diagnóstico se trataba de un tumor e inevitablemente me asustaba todo lo que la palabra representaba.
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Días después visite al endocrinólogo el Dr. Robles pidiéndole que me hiciera los exámenes que necesitaba para confirmar el diagnóstico de Cushing, él estaba muy renuente dándole importancia únicamente a la presión alta, pues tener la presión así en su experiencia es consecuencia de problema en los riñones, no de Cushing, dado que es imposible que tenga una enfermedad tan rara cuando mi cuerpo no es lo suficientemente obeso como las personas que lo padecen, asegurando además que la subida de peso y mis otros cambios eran consecuencia del SOP con una mala alimentación.
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Le rogué que me mandará hacer exámenes de cortisol y ACTH (prueba que mide el nivel de la hormona adrenocorticotrópica en la sangre. Es una hormona producida por la glándula pituitaria situada en la base del cerebro que controla la producción de cortisol), a regañadientes lo hizo, además agrego un TAC de las glándulas suprarrenales para ver si se veía algún tumor (situación que me hizo darme cuenta que desconocía del Cushing pues no es el orden de realizar los estudios).
Al día siguiente visité al Cardiólogo, el Dr. Elías García Cantú, me realizo varios estudios, para saber cual era la condición de mi corazón y así recetarme el medicamento adecuado para la hipertensión secundaria, confirmándome que tenía Cushing por la forma que había tomado mi cuerpo, dándome la tranquilidad que sería algo pasajero, pues una vez me quitaran el tumor la hipertensión iba desaparecer. Él fue quien más adelante me recomendaría al Cirujano Torácico que salvo mi vida.

24 horas con el holter
Estaba al borde de la desesperación, me veía y sentía realmente enferma, estaba muy débil pues perdía músculo y los huesos me dolían; y actividades cotidianas como manejar, caminar o incluso permanecer despierta me costaban bastante esfuerzo. Y por si fuera “poco”, durante esos meses tuve que soportar todo tipo de comentarios: “¿Estas embarazada?”, “¿Tienes paperas?”, “¿Te sacaron las muelas del juicio?”, “¿Qué le paso a tus cachetes?”, “¿Sigues ejercitándote? Subiste de peso” etc… Lo cual empeoraba por mucho mi estado de ánimo, pues yo misma vivía con esa incertidumbre.
Era deprimente ver a las personas que me amaban mirarme con ojos de tristeza, impotencia y preocupación, de verdad sentía que les pasaba por su mente que me iba morir, no las culpaba, yo también llegue a pensar eso en muchas ocasiones.
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Además, me tuve que ir aislando de mis amigos, pues al regresar del trabajo solo quería estar sola, pues no me sentía bien con mi físico al no reconocerme en el espejo, me encontraba deprimida y cansada. No tenía otro tema de conversación, no podía evitar hablar de mí, porque de alguna forma quería justificar mi apariencia para no darle oportunidad a las personas de hacerse alguna otra idea.
Diariamente le externaba a mi hermana por mensajes lo desesperada que me sentía y como esto me afectaba mi día a día.








A mediados de noviembre llegaron los resultados de los laboratorios que me había mandado hacer el Dr. Robles. Obtuve 1 cortisol elevado en sangre, de los 4 que me realizaron, sin embargo, mi ACTH salió considerablemente elevado (lo cual significaba que podía tener un tumor en la hipófisis del cerebro o en alguna otra parte del cuerpo). El TAC de suprarrenales salió normal, libre de tumor como era de esperarse, sin embargo, en ese estudio se alcanzaron a ver algunas arenillas en los riñones, por lo cual el Doctor se convenció de que esa era la razón de mi presión alta, pues en su opinión, el ACTH no se salía del rango lo suficiente (a pesar de ser 3 veces mayor al rango normal).
Después de suplicarle que solicitará a mi seguro una resonancia magnética de mi cerebro y un examen de supresión con dexametasona (para localizar la ubicación del tumor), accedió.
Pasaron un par de semanas para que me hicieran la resonancia y una vez teniendo todos los resultados me presente a consulta acompañada por mi papá para entregarle los resultados al Dr. Robles, una vez que los observó me hizo los siguientes comentarios: “aquí en la interpretación de la resonancia dice que no tienes un tumor en el cerebro, ¿ves? Te lo dije, no es Cushing” y sonríe, por lo cual mi papá desesperado le pregunta “¿Doctor entonces dígame que tiene mi hija?” y le responde: “No sé”.
Ya no podía más, algo dentro de mí sabía que era Cushing y no me parecía que el Doctor se basara en la hoja de la interpretación sin reproducir el cd de la resonancia buscando un posible error, sentí que solo quería tener la razón y su orgullo no le permitía realmente ayudarme. Al salir de ahí le dije a mi papá que me quitaría los implantes, pues de verdad sentía que no llegaría viva a Navidad.

Para ese entonces tenía más síntomas, como: infecciones recurrentes (me dio cándida 4 veces e infecciones de garganta, una vez por mes), uñas quebradizas, comezón en el cuerpo, dolor en músculos y articulaciones; migraña, pinchazos como agujas en el pecho, zumbido en los oídos, depresión, subí de peso, intolerancia alimentos, inflamaciones, taquicardia, falta de aire, manchas en la piel, fatiga, falta de oxigenación en mis piernas, ganglios linfáticos inflamados, ansiedad, empecé a tener problemas para manejar y caminar, el dolor en mi cadera y piernas era insoportable, entre muchos síntomas más, (link a síntomas) yo sabía que los implantes también me estaban haciendo daño, pues ni si quiera me sentía cómoda con ellos, literalmente sentía que los cargaba y después de todo si no tenía Cushing, los implantes simplemente me hacían mal.
Lo que más me seguía angustiando era que mi cara seguía cambiando y estaba hinchada, tanto que a veces sentía que traía dentro de la boca una pelota de golf.
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Además, intentando ser más sana para que los Doctores me pudieran ayudar y dejaran las “excusas” de lado, durante esos 5 meses deje de consumir gluten, azúcar, trigo, lácteos y carne para intentar recuperar mi salud. Cada día comía menos, y seguía subiendo de peso, era inexplicable.


Manchas en manos

Vasculitis Cutánea
Me era muy difícil trabajar, pues al estar encargada de un equipo comercial tenía que llegar a motivarlos y contagiarlos de un nivel de energía que fingía tener como si nada pasara en mi vida personal.
El trabajo exprimía todo mi ser, recuerdo sentir que me desintegraba física y emocionalmente, ya que no podía salirme de trabajar, estaba muy enferma y tenía que pagar mi seguro de gastos médicos, pues en ese momento eso era mi prioridad. Y como era mamá soltera, no podía darme el lujo de quedarme sin trabajo ya que tenía una casa que sostener.
Cabe resaltar que durante ese tiempo no me daba cuenta del abuso que recibía de parte de mi jefe, pues me había acostumbrado a sentirme estresada todo el tiempo por ese nivel de exigencia sin sentido, tanto que lo había normalizado y no era consciente del daño que esto estaba causando a mi salud.
Para el 11 de diciembre ya me encontraba en Guadalajara preparada para la cirugía de explantación de implantes por el Dr. Ignacio Buenrostro. Después de 4 horas abrí los ojos y me sentí mejor, ya no sentía el peso en mi pecho, el dolor de huesos había desaparecido por completo, y a mis ojos les había regresado el brillo y ya no estaban amarillos.
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Yo sabía que aún tenía mucho camino por recorrer, pero al menos tenía la certeza de que seguiría mejorando cada día.
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Y así fue, al menos por un tiempo.



2020
Durante enero comencé a mejorar, pues mi cara no volvió a deformarse y me sentía bien, desapareció la presión alta y todos los síntomas anteriores. Incluso fui al Urólogo para darle seguimiento al tema de las arenillas del riñón que había encontrado el Dr. Robles en el TAC, razón por la cual el Urólogo me mando hacer un TAC urológico; confirmándome que que no había nada alarmante, pues las arenillas median 2mm y saldrían solas sin que me diera cuenta.
En febrero comencé a notar que ciertos alimentos con histamina y situaciones de estrés (algún pleito con mi pareja o situación en el trabajo) hacían que mi cara se hinchará, aunque ya no se deformaba, de alguna forma cambiaba.
En marzo tuve la fortuna de festejar mi cumpleaños 30 con 3 festejos diferentes; estaba muy feliz de estar viva y mejorando que quise festejarlo a lo grande.
Quería convencerme a mí misma que ya estaba al 100%.


Sin embargo, después de un par de semanas todo volvió a cambiar, no solo por la pandemia, sino porque comenzaron a darme cólicos renales. Recuerdo que era un dolor muy intenso, que en cuanto lo sentía se iba poniendo cada vez peor, al grado que me auto medique por semanas, pues por el COVID me daba miedo ir al hospital. Trataba de tranquilizarme tomando ketorolaco, panclasa, y plidan, hasta llegue a tomar té de coca creyendo que ayudaría.
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Un día estaba viendo la televisión, cuando empecé a sentir los cólicos renales, estos me hicieron desgarrarme de dolor; gritaba, lloraba y sufría, mi hijo asustado me preguntaba si podía hablarle a su abuelito para que viniera ayudarme, a lo que me negaba, pues ya me habia acostumbrado a que el dolor iba y venía. Sin embargo, esa noche mientras dormía, el dolor me hizo levantarme al baño a vomitar y fue ahí mientras estaba desvanecida en el suelo que me di cuenta que había llegado al límite pues empecé a orinar sangre.
Ese mismo día me internaron para destruirme una piedra en el riñón que se había atorado, el Urólogo decidió dejarme un catéter doble j durante 11 días para que las piedras se drenaran por completo. Además, me sugiero que diera seguimiento a mi salud con un Doctor de mi confianza, pues no era normal que tuviera la presión alta sin razón alguna y que las piedras del riñón crecieran tantos milímetros en tan solo 3 meses, al grado de llegar atorarse.
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Durante los días que tuve el catéter me di cuenta que mi cuerpo no tolera ningún tipo de implante, pues estaba reaccionando como cuando tuve los implantes de seno, ya que después de todo era un cuerpo extraño dentro de mi cuerpo.

Empecé a darme cuenta que a raíz de eso regresaron algunos síntomas como la caída de pelo, el acné en la cara, moretones en el cuerpo sin golpe alguno y además comencé a subir 1 kilo por semana, lo que cambio por completo la forma de mi cuerpo pues tenía una joroba y mis piernas eran cada vez más delgadas, y mis manos y pies eran amarillos. Visité nuevamente al Cardiólogo para retomar el medicamento de la presión alta, mientras tanto, los sudores nocturnos continuaban junto con el insomnio.

Cara luna, hematoma sin golpe, obesidad en tronco superior
Estaba realmente desesperada, lloraba por las noches o en la regadera para no preocupar a mi hijo y mareaba a todos los que me rodeaban con mi tema de salud, ya que no tenía algo más de que hablar, pues empeoraba cada día.
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Recuerdo ver las fotos que tenía guardadas en mi celular, fotos de años anteriores donde no me sentía segura de mí, fotos donde creía que me veía gorda, con papada, o que simplemente no salía bien, y ahí estaba ahora, viendo las fotos, deseando volver a ser ella, pues ahora no me reconocía en el espejo, deseaba tanto volver a tener esa cara y cuerpo que tanto critiqué y que tanto dañé con excesos de dieta y ejercicio tratando de complacer a un hombre, sin darme cuenta que él que estaba mal, era él, no yo. Él no tenía el derecho de opinar sobre mi físico, era tan inmadura para notar ese daño tan fuerte en ese momento.
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Era tanto lo que hablaba del tema con mi familia y amigos, que en una ocasión una persona muy cercana empezó a cuestionarme si tal vez yo era la que estaba atrayendo esto a mi vida, me decía que tuviera cuidado con lo que pensaba, que mejor pensara que ya estaba sana. Claro que apoyo el positivismo y el pensar lo mejor, pero verte al espejo y no reconocerte, no es algo que pudiera provocarme.
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Y créanme, no existe algo peor que la incertidumbre de no saber que tienes, de verte en un espejo y no reconocer tu reflejo, darte cuenta que no queda nada de ti, de Karla de hace 2 años; es horrible no saber qué pasa con tu cuerpo, con tu salud, solo sabes que poco a poco te sientes peor y nadie sabe cómo ayudarte, y si eso no es mucho además creen que tienes un problema psiquiátrico y te lo estas inventando. Te sientes realmente sola.


Mensajes enviados a mi hermana
Una madrugada del mes de abril le hablé llorando por teléfono a mi hermana, le dije que no podía más, pues estaba engordando mucho, le aseguraba que tenía Cushing, lo presentía y saberlo me hacía tener miedo pues sabía que sí tenía un tumor ya había perdido muchos meses sin diagnóstico, por lo que ella hizo de todo para tranquilizarme.
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Recuerdo que después de colgar ingresé a Facebook y encontré los datos del Dr. José Miguel Hinojosa Amaya, neuroendocrinólogo, gracias a las cookies del celular me apareció publicidad del Doctor, de verdad era algo increíble, como una Diosidencia, en mi peor momento aparecía este Doctor con experiencia y conocimientos sobre la Enfermedad de Cushing.
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Al día siguiente le escribí para agendar una cita presencial, pues estaba segura que si me veía en persona me creería, y me adelante haciéndome estudios generales de laboratorio para llegar con resultados recientes y saber cuál era mi situación actual. Recuerdo lo mal que salieron esos laboratorios, mi colesterol estaba por encima del valor máximo y seguía presentando el hipotiroidismo subclínico que todos los Doctores ignoraron.
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Me preparé tanto para esa cita, que acomodé en una carpeta todos mis estudios en orden y después me puse hacer una presentación con fotografías para demostrarle al Doctor como había cambiado, pues quería asegurarme de llevar todo para demostrarle que tenía Cushing.

Ese día antes de dormir, escribí una carta para mí misma, titulada “Para la Karla del futuro”, no sabía que esa carta me salvaría 1 año después, más adelante les platicaré el por qué.
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El 04 de mayo conocí al Dr. Hinojosa y por primera vez sentí tranquilidad y confianza de poner mi salud en manos de un Doctor, alguien que por primera vez sabía más que yo de la enfermedad.
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Le entregue mi carpeta y no le quedo duda alguna de que mi diagnóstico era Cushing, reviso el cd de la resonancia para asegurarse de que no hubiera tumor en la hipófisis tal y como lo decía la interpretación y al no encontrarlo, me tranquilizó diciéndome que habría que encontrarlo en cualquier parte del cuerpo, fue lo mejor que me pudo haber dicho, por fin me sentí comprendida.
Nuestro plan de acción fue iniciar con una radiografía de tórax pues él tenía la impresión que pudiera haber tenido tuberculosis (por los años de sudores nocturnos). Adicional a eso, me mando hacer todos los estudios en el orden correcto para medir mi cortisol (cortisol sérico con supresión de 1mg de dexametasona y cortisol 24 horas en orina), pues nuestro siguiente reto era demostrar que tengo Cushing para que el Seguro de Gastos Médicos Mayores (SGMM) me autorizarán todos los estudios que venían en camino junto con la cirugía.
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Mis exámenes de cortisol salieron muy por encima del rango normal y además en la radiografía de tórax salió un nódulo, el que sospechábamos pudiera causarme el Cushing.
Posterior a eso, me realizaron un TAC de Tórax y más exámenes de cortisol (cortisol sérico 8:00am, cortisol sérico con supresión de 8mg de dexametasona y ACTH) todos estos estudios salieron ridículamente elevados, incluso el de supresión estaba muy por encima de lo normal.



Nódulo en pulmón derecho
La emoción que sentía cada vez que los estudios salían mal era inexplicable, estaba realmente feliz, pues reafirmaba que lo que me pasaba no estaba en mi cabeza, realmente estaba muy enferma y al tener un diagnóstico estaba más cerca de curarme.
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Teniendo todos estos resultados, el Dr. Hinojosa me recetó medicamento para bajar el cortisol en mi cuerpo (ketoconazol), de forma que mis síntomas fueran mejorando en lo que me operaban. Sin embargo, nos dimos cuenta que eso empeoró la situación pues el cortisol empezó a subir más, por lo cual decidimos suspenderlo y esperar a la cirugía.

En junio visité al Dr. Robles nuevamente, pues él es quien pertenecía a mi SGMM y necesitaba su apoyo para que solicitará la autorización del estudio Octreoscan (prueba que se utiliza para comprobar la presencia de células tumorales neuroendocrinas en el cuerpo). Para esto, él se encontraba sorprendido de lo enferma que me veía físicamente y de la carpeta que le lleve con todos los estudios realizados y sobre todo con los resultados de mis últimos exámenes de cortisol, por lo que fue súper cooperativo conmigo.
Días después me realizo el Octreoscan, recuerdo que era muy bizarro para mi rogarle a Dios que saliera un tumor, pues si en ese estudio salía el tumor pintado quería decir que ese era el motivo de mi Cushing. No tienen idea de la cantidad de personas enfermas esperando que aparezca el tumor en algún lado, pues si no aparece no hay cirugía y sin cirugía no hay cura, y a veces son tan pequeños que no son visibles en los estudios.
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Una vez que me realizan el Octreoscan, el Dr. José Luis (encargado del departamento de medicina nuclear) me felicitó por haber luchado por mi diagnóstico, dándome la noticia de que el estudio salió positivo a tumores neuroendocrinos, lo que quiere decir que el nódulo del pulmón pinto, y esa era la razón de mi Síndrome de Cushing, solo que había un problema más, pues no solo pinto una lesión (lesión = nódulo = tumor), si no prendieron 4 lesiones más, tenía 2 lesiones en pulmón, 1 en mediastino y 1 en tiroides. En ese momento yo no entendía la magnitud de lo que estaba sucediendo, solo estaba feliz porque había prendido como un árbol de navidad.


Hallazgo de 4 lesiones




Hematoma al realizarme estudios de laboratorio

Gastos de estudios de laboratorio

Una vez que tuve las imágenes del Octreoscan, busqué al Cirujano Torácico que me había recomendado el Dr. Elías (cardiólogo) pues confiaba en él y además pertenecía a mi SGMM, fue así como di con el Dr. Antonio del Campo. Tuve un par de citas con el cirujano y lo puse en contacto directo con el Dr. Hinojosa para que ambos estuvieran al tanto de mi caso y prepararán todo con la aseguradora para que la cirugía se llevará a cabo el 22 de junio del 2020.
Días antes de la cirugía, el 18 de junio, recibo un mensaje por parte del Dr. del Campo pidiéndome que al día siguiente me presentará en su consultorio con mis papás, y con cualquier otra persona cercana a mí que deba saber del caso, recuerdo que en ese momento sentí adrenalina corriendo por todo mi cuerpo, sabía que algo andaba mal, no tenía sentido que el Doctor quisiera que fuera súper acompañada.
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Para ese entonces, yo tenía resistencia a la insulina, cortisol elevado, colesterol alto, hipertensión, hipotiroidismo, deficiencia de vitamina D, osteopenia, Síndrome de Ovario Poliquístico, y ya había atravesado las piedras en el riñón, y tenía casi todos los síntomas de Cushing; mi cuerpo tenía 100% la forma de Cushing.


Subida de 28 kilos de peso en 45 días
Me puse a recordar todas las veces que las personas a mi alrededor me preguntaban en tono de burla: “¿Y ahora que tienes?”, “¿Cuál es tu nueva enfermedad?” “¿Ahora que te duele?” y no se daban cuenta que no me invente ni una enfermedad, realmente tuve todas las mencionadas, pues el cortisol a niveles excesivos daña todo.

Acné y cara redonda
El 19 de junio me presento con mis papás en el consultorio, recuerdo que me sentía muy nerviosa como cuando eres niña y la maestra cita a tus papás para tener una junta acerca de ti.
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Bueno algo así fue, el Doctor me conocía muy bien, tanto que podía descifrar mi personalidad pues sabía lo intensa que era sobre el tema de mi salud y lo mucho que había leído de la enfermedad, pues habiendo estudiado medicina conocía de alguna forma muchos términos que él estaba listo para utilizar al momento de explicar lo que pasaba, y así fue. Abordo la junta hablando de la forma más técnica posible para que mis papás no lograran interpretar al 100% lo que el Doctor decía, pero yo sí.
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Estaba impactada, una de sus primeras oraciones fue decirnos que había contactado a un amigo cercano, al oncólogo Dr. Luis Cancel para que se involucrará en mi caso. En ese momento mi mundo se detuvo, era como si estuviera fuera esa realidad, como si yo pudiera observar todo en tercera persona.
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No me gustaba ni quería que esa fuera mi realidad, pues ahora teníamos un oncólogo en la ecuación. Inmediatamente empecé a cuestionar en mi mente: “¿Por qué estaba un oncólogo con nosotros?”, “Solo tengo Cushing, ¿para qué necesitamos un oncólogo?”, “¿Qué está sucediendo?”, “¿De qué me perdí?”, entonces, el Dr. Del Campo nos explicó que tenían el presentimiento que estas “lesiones” pudieran venir de dos fuentes: la primera fue que tuviera algunas neoplasias endocrinas múltiples (MEN 1 o MEN 2) lo que quiere decir que probablemente fue hereditario (cosa que me asusto sabiendo que ya tengo un hijo) y la segunda es que fuera cáncer de células pequeñas de pulmón (simplemente me quede en blanco cuando dijo esto).
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Con base a estas probabilidades el plan de acción para la cirugía sería intentar llegar al tumor más chiquito que se encontraba en la orilla inferior de mi pulmón derecho y sacar una muestra de ese tumor para llevarlo a patología y descartar al momento el cáncer de células pequeñas. Mientras tanto, aprovechando que estoy inconsciente me harían una biopsia de la tiroides para saber si la lesión que prendió en el octreoscan, era parte de la misma enfermedad.
Me comento que si salía positivo a cáncer de células pequeñas me cerrarían y no retirarían el tumor pues el tratamiento seria “otro”.
¿Qué les puedo decir de esa experiencia?
Es la parte más difícil de todo lo que atravesé, estar con mis papás en esa cita mientras el Doctor prácticamente les decía que mi pronóstico era bastante malo. Además, yo si sabía que si tenía cáncer de células pequeñas de pulmón mi pronóstico de vida era máximo 2 años siendo súper positiva. No sabía qué hacer, que pensar. Solo le rogaba a Dios que este no fuera mi final, mi hijo merecía crecer con una mamá a su lado, es el niño más hermoso con el corazón más noble y ya había atravesado el abandono de su papá, no podía permitirme abandonarlo. Recuerdo que no solté ni una lagrima enfrente de mis papás, no quería preocuparlos más de lo que ya estaban, quería verme fuerte, pues de alguna forma así comencé a sentirme, lista para la cirugía con la esperanza de tener un buen pronóstico. No existía otra opción, lucharía hasta el final.
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Salimos de ahí los tres sin palabras, no sabíamos en que momento el Síndrome de Cushing se convirtió en la posibilidad de un cáncer tan agresivo o un problema genético heredado.
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Recuerdo que muchas veces pensé que la vida no era justa, ¿Por qué me estaba pasando esto a mí? Yo que jamás probé el cigarro, no le hago daño a las personas, he tenido un estilo de vida saludable, saque adelante a mi hijo sola, no me merecía lo que estaba viviendo, era increíble pensar que esa era mi realidad, que esta era mi vida pues era una pesadilla. Recuerdo tener la fantasía de que despertaría de este largo sueño, pues con solo 30 años ya tomaba 14 pastillas al día para sobrevivir y eso no era posible, no en mi vida. (vitamina D, candersatan / amlodipino, lovastatina, levotiroxina, metformina).
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Dos días después yo estaba en el hospital escribiendo una carta en mis notas del celular para mi hijo, por si no despertaba tras la cirugía, algún día encontraría esa carta de despedida. Hoy en día si leo esa carta lloro desquiciadamente, pues solo pensar la posibilidad de que mi hijo hubiera leído eso, es porque ya no estaba aquí.
Adicional a esto, yo no tenía seguro social, pues mi jefe me convenció de que no lo necesitaba y en el momento que así fuera me daría de alta inmediatamente y si lo hizo, me dio de alta el día anterior a mi cirugía.
Cabe mencionar que un año después de la cirugía me di cuenta que me mintió y por ende me puso en riesgo tanto a mí como el futuro de mi hijo, pues en caso de fallecimiento el no hubiera recibido pensión como me lo hizo creer, fue un abuso total de su parte, se aprovechó de mi confianza. Ya que el seguro social pide antigüedad para hacer válidas ciertas enfermedades, y no me serviría de mucho darme de alta un día antes de operarme, por si fuera poco, me dejo claro que me hizo el “favor” de darme de alta en ese momento, como un favor personal por nuestra relación amorosa, cuando en realidad era mi derecho como trabajadora de la empresa, pues, aunque teníamos 2 años de novios, ya tenía 6 años trabajando para él.

Día de cirugía

El 22 de junio, despierto en cuidados intermedios después de largas horas de cirugía con la buena noticia de que no tenía cáncer de células pequeñas y mi cortisol había llegado a uno (lo que quiere decir que quitaron el tumor que estaba causando el Cushing) sin embargo, el Dr. Del Campo me explica que no encontró el tumor chiquito (el de la orilla que pensaban quitar), así que se fue por el tumor que estaba en medio del lóbulo inferior derecho y lo retiro, por eso el cortisol bajo, en ese momento tuve que tomar prednisona por un tiempo en lo que mi cerebro volvía a generar cortisol por su cuenta.
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Fue una cirugía difícil pues me quebraron un par de costillas para retirar el tumor y tenía una sonda colocada para drenar el líquido del pulmón. Esa sonda fue muy dolorosa e incómoda, pues cada vez que una enfermera acomodaba la sonda sentía que no podía respirar, y mientras la anestesia bajaba comenzaba el dolor real, cada vez que respiraba sentía que me entraba un aire (como cuando corres y te detienes por ese dolor que te da y crees que te entro un aire) bueno así sentía cada vez que respiraba, fue muy doloroso. Recuerdo que mi primera noche le pedí a mi mamá que me pusiera la canción de “Es por tu gracia de Jesús Adrián Romero” era lo único que me podía dar paz esa noche.
Adicional a eso, días después sentí ardor de bajo de mi axila de lado derecho donde fue la cirugía, un ardor insoportable, el único tipo de ardor que logra sacarme lágrimas al minuto, sabía que algo no estaba bien pues podía reconocerlo y me era familiar. Caigo en cuenta que tengo nuevamente herpes zoster lo que me hace llorar de la desesperación, pues no solo tenía que curarme de mi cirugía, sino además se me bajaron tanto las defensas que se reactivó el herpes. Para mi fortuna, en una visita del Dr. Hinojosa me recetó Zovirax, que es el medicamento de patente para el herpes, fue una maravilla, el dolor cedió casi de inmediato, pues hizo que las llagas no avanzaran y logrará curarme rapidísimo.


Herpes Zóster más hematomas de cirugía
En 6 días salí del hospital, más rápido de lo que esperábamos y continúe la recuperación en casa. Aprendí a respirar nuevamente y a mover mi brazo derecho, pues al principio me era imposible levantarlo, no tenía fuerza, pues un músculo estaba dañado. Gracias a los cuidados de mi mamá me recuperé satisfactoriamente, es admirable ver como dejo todo a un lado para cuidarme, literal se vino a vivir a mi casa y creamos tantos momentos juntas por lo cual estaré eternamente agradecida.
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Después de 12 días de la cirugía llega el resultado de la patología de mi pulmón, saque cita inmediatamente con mi oncólogo para que me interpretara los resultados, recuerdo lo difícil que fue trasladarme a su consultorio, pues como me encontraba en recuperación, cada movimiento brusco mientras iba en el carro hacía que me doliera horrible la herida.
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Ese día el Dr. Cancel me comento que el resultado de la patología no era bueno ni malo, ya que mi tumor era un carcinoide atípico, dentro de los carcinoides están los típicos que tienen comportamiento más benigno y los atípicos que pueden ser más agresivos, sin embargo, mi ki67 era menos del 2% (marcador para medir la velocidad con la que se reproduce un tumor) quiere decir que al final mi carcinoide se comportaba como benigno a pesar de ser atípico.
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Además, agrego que la patología arrojo que la lesión de la tiroides era un adenoma, osea había sido un falso positivo y no habia necesidad de retirarlo, pues no era parte de la enfermedad.
Una vez terminamos de platicar sobre la patología, comenzó a explicarme lo que seguiría, pues quería que iniciara haciéndome un estudio llamado PETCT FDG solo para estar tranquilo de que no tuviera algún tipo de cáncer en mi cuerpo además del carcinoide y de salir bien en el estudio procederíamos a realizarme una lobectomía (cirugía de pulmón), donde en este procedimiento me quitarían el lóbulo inferior derecho del pulmón, pues la posibilidad de que el tumor original fuera el que se quedó ahí era muy alta y la única forma de curarme por completo era quitando cualquier rastro de enfermedad incluyendo los ganglios linfáticos del mediastino pues uno ya estaba infectado (la lesión que había prendido en el Octreoscan).

Recuerdo que me solté a llorar, no podía creer que volverían a operarme, pues a diferencia de la primera operación en la siguiente ya sabría lo que dolería y sufriría, incluso estaba consiente que sería una operación más riesgosa. El Doctor quiso darme ánimos asegurándome que si mi cirugía era exitosa volvería a subir cerros y recuperaría la condición física que tenía antes de todo esto, ya que era muy buena candidata porque mis pulmones eran sanos, era joven y tenía buena condición previa a la enfermedad, entonces podría recuperarme muy rápido.
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No es que realmente tuviera opción, así que accedí al plan que el Doctor tenía programado para mí. Días después de esa cita, a mi Mamá y a mí nos dio COVID, recuerdo que el único síntoma que tuve es que mi temperatura subió de 36.4 a 37.1 entonces fui a realizarme la prueba PCR y di positivo. Recuerdo el pánico que sentí al ver el resultado, pues recién operada tenía mucho miedo de que se me complicara al tratarse de los pulmones, pero gracias a Dios salí librada sin ninguna secuela.
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En agosto inicie con la solicitud para realizarme el PETCT FDG que me había solicitado el Dr. Cancel, aún recuerdo que las 24 horas después de hacerme el estudio fueron las más largas de mi vida, el día siguiente desperté y me fui sola directamente al hospital a recoger el resultado del PETCT FDG, no quería que alguien me acompañara, necesitaba ese momento para mí, pues no sentía la fuerza de consolar a alguien más si algo salía mal.
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Cuando leí la interpretación y me di cuenta que salí limpia, rompí en llanto, no podía parar de llorar, ya había atravesado demasiado y aún tenía otra cirugía pendiente, pero estaba feliz de al menos saber que estaba libre de otro tipo de cáncer.
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Durante todo ese mes decidí estudiar la nueva enfermedad a la que me estaría enfrentando, pues ya no se trataba únicamente del Síndrome de Cushing, ya estábamos hablando de un Cáncer Neuroendocrino de Pulmón, pues dentro de mi investigación aprendí que el termino carcinoide está obsoleto y la enfermedad como tal es Cáncer Neuroendocrino de Pulmón el cual tiene varios grados según el ki67, y yo me encontraba en grado 1. Aprendí que para este tipo de tumores es importante contar con un Oncólogo con conocimiento en tumores neuroendocrinos pues no todos los Doctores están familiarizados, fue así que decidí buscar otros oncólogos.
Pues además como el Dr. Cancel no pertenecía a mi SGMM, quise encontrar otra opinión en otro Doctor que perteneciera a mi aseguradora, y así fue como encontré otro Oncólogo, quien me aseguro que una vez me quitaran el lóbulo del pulmón tenía que iniciar con radioterapia y quimioterapia inmediatamente, lo cual me hizo darme cuenta que no conocía realmente mi tumor, pues lo que yo tenía no responde a ese tipo de tratamientos. Me di cuenta que necesitaba encontrar otra opción.
Decidí visitar otro oncólogo, una 3er opinión que mejor ni la escribo, porque fue otro fracaso. Así fue que valore al Dr. Cancel, pues después de todo, siempre estuvo al pendiente de mi caso incluso antes de conocerme. Además, me gustaba ser un reto para él cómo paciente, pues él me había comentado que lo hacía investigar tanto de la enfermedad que tenía que actualizarse del tema, pues sabía que yo lo haría y eso me hizo sentir segura con él pues estábamos en el mismo canal.
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Mientras tanto, dentro de ese periodo, mi jefe me hizo ir a la Clínica 31 del IMSS a pedir mi incapacidad, pues me dejo claro que la Empresa no pagaría mis días de ausencia. Así de frio era mi novio, pues cuando se ponía la máscara de Jefe me aseguraba que lo hacía por el “bien de la Empresa” de la cual me hizo creer durante años que era socia.
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Recuerdo haberle rogado que no me hiciera hacer el trámite del IMSS, pues de alguna forma corría el riesgo de agarrar COVID al exponerme a más personas y no quería que mi cirugía se atrasará, cosa que claramente no le importo pues sabía que necesitaba mi sueldo, si no ¿Cómo pagaría el deducible de la cirugía? Claramente el “favor personal” que me había hecho al darme de alta en el IMSS era para que lo utilizara pidiendo mi incapacidad.
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No me quedo opción más que ir acompañada de mi papá, recién operada, recuerdo que no jalaba el elevador y tuve que subir lentamente los 3 pisos. Claro que anterior a eso tuve que tramitar mi credencial, etc.… para poder recibir la consulta. Una vez en consulta le hice saber la situación a la Doctora, me comento que por el procedimiento me daría 7 días de incapacidad a partir del día que tengo asignado para la cirugía, para esto yo tenía que asignar a una persona que se presentará con ella al terminó de mi cirugía para que supiera que sigo viva y activar esos 7 días de incapacidad y que al finalizar esos días tendría que ir personalmente a solicitar más.
Le explique a detalle mi situación, haciéndole saber que a los 7 días me era imposible ir, pues no había forma de asegurar que yo saldría del hospital para ese día, adicional a eso, no me imaginaba volver a subir los tres pisos de escaleras para llegar a su consultorio, cosa que claramente no le importo, pues la única opción para tener más días era presentándome.
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Era increíble darme cuenta que a estas alturas mi jefe me hiciera pasar por esa situación estresante, después de tantos años que le dedique a construir su Empresa. ¿Cómo me pagaba así? Además, era mi novio, la persona que diariamente me vio sufrir, no tenía sentido, claramente era una persona incapaz de sentir empatía.
¿Por qué no termine la relación? No podía. Pues a pesar de que era consciente de que todo lo relacionado a él estaba mal, dependía económicamente por trabajar en su Empresa, obviamente él lo sabía y se aprovechaba, sabía que me sería difícil dejarlo, pues anteriormente en una ocasión que me quise alejar la parte personal me corrió de la Empresa. Adicional a eso, sufrí muchos años de manipulación, era normal que después de 6 años le comprará la idea de que nadie me ofrecería el sueldo que ahí ganaba, a pesar de que dentro de mí sabía que no ganaba bien, el me convencía de que afuera no tendría la seguridad que él me “daba”. Todo esto sin contar que no podía poner en riesgo mi trabajo por obvias razones.
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Preparé todo para la segunda cirugía y es así como el 21 de septiembre fui intervenida para que me quitaran mi lóbulo inferior del pulmón derecho.
Fue una cirugía difícil, desde la preparación donde me realizaron varios estudios que desafiaron la claustrofobia que sufría, pues en la espirometría me tenían dentro de una cabina donde me cortaban el aire para ir midiendo cuanto aguantaba sin respirar y así ir midiendo mi capacidad pulmonar y saber si era candidata para la cirugía.

Espirometría
Un día antes de la cirugía llore muchísimo en la regadera, seguía sin creer todo lo que atravesaba y lo sola que me sentía en el proceso, seguía viéndome en tercera persona, como si pudiera salirme de mi y esta no fuera mi vida.
Hace poco platicando con una amiga de todo lo que atravesé me hizo darme cuenta que era normal que hoy en día sintiera una especie de trauma después de lo vivido pues al final de todo realmente estuve sola, pocos podían comprender algo de lo que sufría, pues a diferencia de un paciente con cáncer, aquí no existía la compasión y el apoyo, porque realmente las personas desconocían el tipo de enfermedad que tenía, pues tenía tanto tiempo quejándome de mis malestares que incluso pensaban que me las inventaba.
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Entonces ahí seguía yo, llorando en la regadera pensando que pasaría si no despertaba tras la cirugía, ¿Qué pasaría con mi hijo?, ¿podrían quedárselo mis papás?, pensar la idea de que su papá apareciera de la “nada” a cuidarlo me ponía realmente mal, pues sé que mi hijo no se siente seguro con él, me carcomía la idea de no haber tramitado la patria potestad antes de mi cirugía.
Lamentaba tanto lo que no hice, pero sobre todo el tiempo que desperdicié en cosas que no generaban valor a mi persona. Todas esas veces que cargaba con un tupper a cualquier evento, pues no me daba oportunidad de romper la dieta o disfrutar de una rebanada de pastel, pues todo me engordaría y yo tenía que ser “perfecta” para ese novio que siempre tenía comentarios de “retro alimentación” hacia mi persona, comentarios que nadie le preguntaba.
Estaba tan metida en mi físico, en ser perfecta para alguien durante tanto tiempo que me olvide de mí. Tan metida en lo “profesional” en ser la mejor “socia”, jefa y vendedora que descuide mi propia felicidad, desperdicie años generando dinero para alguien más, con un sueldo mediocre que ni si quiera me permitía pagar mi deducible de mi SGMM sin pedir un préstamo o generar alguna deuda después de tantos estudios y entradas a hospital.
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Ahí seguía en la regadera con todos estos pensamientos rogándole a Dios una oportunidad, prometiéndole que esta vez sería diferente, pues ahora tendría un motivo para seguir aquí, ayudaría a todas las personas que lo necesiten a encontrar un diagnóstico, las acompañaría en el proceso y además valoraría cada día de mi vida, cambiaría muchas cosas del ritmo con el que vivo y buscaría mi felicidad para ser la mejor versión de mi misma y con ello, poder disfrutar a mi hijo.
Salí de ahí preparada para la cirugía directo al quirófano, recuerdo estar acostada con música de La Oreja de Van Gogh, pues le había comentado a la Anestesióloga que ese grupo me daba paz, era inevitable no pensar si esa sería la última canción que escucharía en esta vida.
Recuerdo que mientras yo pensaba en todo y nada, había mucho movimiento de enfermeros platicando entre ellos mientras acomodaban los instrumentos del cirujano para la operación, era un día más de trabajo, un día normal, al menos para ellos. Para mí era diferente, un día inesperado, pues jamás me hubiera imaginado que atravesaría algo así, hubiera dado todo lo que tengo por ir manejando en el tráfico mientras escucho música para no estar donde me encontraba, acostada en una cama fría pensando en que podía ser mi último día.
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Minutos después llega la Anestesióloga a ponerme la mascarilla para relajarme; en ese momento, yo solo pensaba en mi hijo, en su cara, su sonrisa y en la forma que solo él sabe mirarme con sus ojos de enamorado como si fuera la mejor persona del mundo, y creo que lo era, al menos para su mundo y con eso me bastaba. En ese momento con la imagen de mi hijo en mente sentí tanta paz que dejé de pedirle un milagro a Dios y comencé agradecerle por mi vida, la de mi hijo y mi familia, literalmente le dije que estaba en sus manos, entonces cierro los ojos al sentir mucho frio recorriendo lentamente mi cuerpo, pues ya era hora, sabía que era la anestesia.

Horas después me despierto, estoy viva es lo primero que pienso, mientras escucho a todos hablarme al mismo tiempo, diciendo: “Karla, todo salió bien”, “Karla, estas en cuidados intensivos”, “Karla, ¿Qué te duele?”, mientras me cambiaban de una cama a otra deslizándome con las sabanas, en ese momento se viene el dolor y grito: “me duele, me duele muchísimo, por favor duérmanme”, era un dolor insoportable, pues me dolía cada vez que respiraba, les pedía desesperadamente me durmieran.
En eso veo a la anestesióloga correr hacia mí a decirme:
“Karla, volveré administrarte morfina, pero es importante que sepas que en este momento tienes morfina, eso quiere decir que tendrás una dosis doble, además tienes anestesia epidural la cual todo el tiempo te manda medicamento para el dolor, por favor trata de aguantar”, de verdad no podía, me dolía muchísimo como nada en la vida, ni si quiera estaba segura de haberla librado pues todos los que se me acercaban tenían cara de preocupación, en ese instante me vence la pesadez o el dolor, ya ni se, pero caigo dormida.

Abro los ojos y veo la punta de mis pies, y a lo lejos un reloj que cuelga sobre un muro que tengo frente a mí, además, pusieron un platillo de lado derecho como si fuera capaz de comer y veo al fondo un armario con una de las puertas abiertas, observaba que las personas pasaban y no cerraban esa puerta lo cual me estresaba jajaja.
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En ese momento siento la presencia de alguien, volteo a mi izquierda y veo a mi mamá, siempre tan bonita, maquillada y peinada, siento una enorme paz al verla, ya no me sentía sola, sin embargo, la veo con sus ojos preocupada, me pregunta como estoy. En eso me doy cuenta que siento frio, muchísimo, ella le dice al enfermero que tengo frío, el enfermero corre hacia mí y me pregunta si mis uñas son de ese color, recuerdo que me levanta el brazo y veo mis uñas moradas y le contesto “claro que no”. Inmediatamente trae un calentador y lo mete por debajo de las colchas pues empecé a tener temblores muy fuertes en las piernas, no las controlaba, brincaban, al parecer era un efecto secundario de la morfina.
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Recuerdo que le pedía a mi mamá que me sobara el brazo, mientras salían lágrimas de mis ojos cerrados, solo quería sentirla cerca, olerla, saber que estaba conmigo, pues además del frio insoportable, el dolor había regresado y no sabía qué hacer.
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Nuevamente me medicaron con corticoides, pues el resultado de cortisol tras la cirugía era cero, lo cual me ponía feliz pues sabía que había sido exitosa.

Saliendo de cirugía
En cuidados intensivos
Recuerdo que el peor momento de mi día era cuando venían a mi cama hacerme la radiografía de tórax, pues entre todos intentaban sentarme y acomodarme la tabla fría en la espalda mientras yo sufría de dolor.
Los dos días que estuve en cuidados intensivos pasaron muy lento, estaba desesperada porque tener el reloj frente a mí hacía que tuviera noción del tiempo, era estresante pues no tenía televisión y las visitas eran máximo de 5 minutos, tuve que rogarle al cirujano que me dejara tener mi celular para así distraerme un poco, pues a diferencia de los demás pacientes en ese piso yo estaba consciente y despierta.

En cuidados intensivos



Al tercer día me subieron a cuidados intermedios donde permanecí dos días más, el reto es que pudiera levantarme al baño para que me subieran a piso. Recuerdo la primera vez que intente sentarme en la cama, el esfuerzo y fuerza que me costó fue indescriptible, sude muchísimo con ese intento y solo logre sentarme, ni si quiera en la orilla de la cama, solo me senté en la misma cama y entonces me dio un ataque de tos, no podía más pues esa tos me hacía expulsar sangre y me dolía la herida cada vez que tocía, de verdad una clase de crossfit se quedaba corta para el esfuerzo que hice ese día.
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Ese esfuerzo hizo que me desanimara, pues creí que pasaría muchísimo tiempo hasta que logrará tener la condición que tenía antes de la enfermedad, ya que, si el sentarme me provocaba semejante fatiga no quería ni pensar lo que significaría caminar, razón por la que decidí descansar el resto del día y no volver a intentarlo hasta el día siguiente. Recuerdo pedirle a Dios con toda el alma que me ayudara a recuperarme rápido, pues ya quería salir del hospital para abrazar a mi hijo.
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Al día siguiente al despertar, lo primero que quise hacer fue intentar sentarme, no podría creer que en el primer intento había logrado no solo sentarme, si no pararme y caminar al baño. Estaba súper feliz de la recuperación milagrosa, lo que hizo que me subieran a piso ese mismo día.
Estando en piso mi novio/jefe me llevó el celular laboral para que me pusiera a trabajar pues a pesar de que aun traía la sonda pleural para él ya podía “hablar”, cosa fuera de la realidad pues seguía entrenando a los pulmones con el inspirómetro incentivo para que pronto pudiera hablar sin que me faltara el aire.
Obviamente no le importo, a él le urgía que reactivara las ventas, lo cual evidentemente detonaba el estrés dentro de mi recuperación.

En cuidados intermedios con osito de mi hijo

Caja de drenaje pleural



Dr. Del Campo
Feliz de poder caminar
Cicatriz con aguja epidural
Después de la semana salgo feliz del hospital, pues había logrado salir viva sin ese lóbulo del pulmón, situación que sigue asombrándome cada vez que pienso el alcance que ha tenido la medicina en los seres humanos creando procedimientos quirúrgicos que les permitan a los Doctores salvarnos la vida.
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A la semana de estar recuperándome en casa, volví a consultar al Dr. Cancel con mi nueva patología de la última cirugía, obviamente estaba súper nerviosa pues tenía mucho miedo de que me saliera con algún otro procedimiento, ya no sabía que esperar. En esa cita, nos dimos cuenta que de los 17 ganglios linfáticos que me había retirado 14 ya estaban infectados de enfermedad.
Acordamos que el siguiente plan era realizarme un estudio llamado PETCT Ga68 DOTANOC, es como el Octreoscan pero más moderno, acababa de llegar a Monterrey al OCA HOSPITAL y donde se suponía no tendría que salir el falso positivo en la tiroides, con esto sabríamos como nos fue en la cirugía.
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Pasaron los meses y fui mejorando, fui perdiendo el peso, mi cerebro volvió a producir cortisol, mi colesterol se normalizo, la tiroides también y pude dejar de tomar todos los medicamentos que tomaba para sobrevivir. De verdad había vuelto a nacer. Mi cara mes con mes mostró un cambio hacia la normalidad.
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1 mes
3 meses
4 meses
Recuperación de cirugía

5 meses
6 meses
9 meses
Programe el PET para diciembre y el resultado arrojo que había enfermedad residual, a lo que mi Doctor decidió esperar unos meses para conocer la evolución, pues realmente tenía poco tiempo de ser operada y podía tratarse de inflamación.
Pase la Navidad en familia disfrutando cada momento, me disfrace junto con mi hijo; el de Santa Claus y yo de duende. Aún tenía muchos kilos por perder, pero esta vez ya no me importaba, era feliz disfrazada pues sabía que estaba creando recuerdos para él, estaba muy agradecida con Dios por estar viva disfrutando de la energía que tenía más del año sin sentir, recuerdo que esa noche me di cuenta que nada era igual, ahora si valoraba todo; las pláticas en familia, la cena navideña, el postre, la música, la convivencia, todo.
Felicidad pura.

2021
Recibí el año 2021 sabiendo que estaba lista para el cambio, a pesar de sentir ansiedad por la incertidumbre de mi siguiente PET, ya estaba lista para darle un giro a mi vida. Dentro de mi sabía los cambios que necesitaba hacer, los que muy dentro de mi supe que de alguna forma detonaron mi enfermedad (mi trabajo y relación amorosa). Sin embargo, necesitaba apoyo para atravesar esa transición, por eso me propuse regresar a terapia y encontrar la forma segura de cerrar esos ciclos y sanar para siempre.
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En enero encontré la carta que me había escrito a mí misma en mayo del 2020, un día antes de conocer al Dr Hinojosa, llamada “Para la Karla del futuro”. No me acordaba haberla escrito, ni porque lo había hecho, la encontré por casualidad buscando un archivo en mi laptop.
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Literalmente era una carta escrita para la Karla 2021, me decía lo que realmente necesitaba escuchar, era la semilla del cambio que necesitaba en ese momento para cambiar mi entorno. En esa carta me describía a mí misma la vida que merecía, me recordaba lo que siempre quise en un hombre, fui tan descriptiva que yo misma escribí lo siguiente: “si todo lo que acabas de leer no lo encuentras en tu novio, sabes que es momento de avanzar pues es lo que mereces”; además, en esa carta me recordé que después de todo lo que había atravesado no había problema lo suficientemente grande que no pudiera resolver si tenía salud. Recuerdo que llore demasiado al leerme, era como si yo misma me abrazara y me diera el speech de motivación que necesitaba.
En marzo pasando mi cumpleaños 31 fui a realizarme nuevamente el PETCT Ga68 DOTANOC para conocer el resultado de mi cirugía, no había querido hacérmelo antes porque necesitaba disfrutar mi cumpleaños, consentirme y dejarme querer por mi familia sin preocuparme por el futuro, solo vivir ese momento, así que días después me fui a realizar el estudio y para mi sorpresa volvió a salir la enfermedad residual que quedo tras la cirugía, que en teoría son partes muy pequeñas que el Cirujano no pudo extraer durante la misma pues tal vez fue imposible captarlas con el ojo humano.

Antes del PETCT
Claro que me agüite muchísimo, no sabía que pasaría conmigo, recuerdo haber leído mucho del tema y una de las opciones era esperar, simplemente esperar a que con suerte esa enfermedad residual no se reactivará provocando otro tumor. Día siguiente del resultado, saque cita con el Dr. Cancel, quien me explico que conocía a un Radio oncólogo que me podía ayudar a eliminar esa enfermedad residual a través de un procedimiento nuevo llamado radio cirugía, me pidió que nos reuniéramos nuevamente en el consultorio de este Doctor para presentármelo y me explicara exactamente el procedimiento.
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Recuerdo haber salido de la cita directo a investigar sobre la radio cirugía, pues quería ir preparada a la cita con el Doctor, ya que tenía muchas preguntas que realizarle sobre los beneficios y los contras de este procedimiento.
Dos días después me reuní en el Hospital Zambrano con los doctores, recuerdo que ese día mi Papá no pudo acompañarme (él siempre lo hacía), así que fui con mi Mamá, estábamos realmente nerviosas.
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Una vez que entramos a la cita, el Dr. Cancel me presento al Dr. Erik Pérez y a la Dra. Angélica Soto, especialistas en Radio Oncología. Me comentaron que ya estaban enterados de mi caso y que la solución para la enfermedad residual era realizarme la radio cirugía, que es un procedimiento moderno donde aplican radioterapia directa en el área que se quiere eliminar, y a diferencia de la radioterapia convencional no afectan toda un área, pues es súper especifico.
Entonces empecé a realizarles todas las preguntas que traía, pues para mí era importante asegurarme que esto no fuera afectar a lo que quedaba de mis pulmones o peor aún, me provocará otro tipo de cáncer la radiación, o de alguna forma me afectara a largo plazo y no pudiera tener alguna otra cirugía en esa área.
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El Doctor fue súper paciente y me dio tranquilidad al responder todas mis preguntas, así que literalmente les dije que ponía mi salud en sus manos y confiaba ciegamente en ellos, lo que me agradecieron y procedimos agendar todo para realizar las 5 sesiones de radiocirugía en el Doctors Hospital.
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Los meses pasaron entre papeleo administrativo para llevar a cabo este procedimiento, mientras tanto yo seguía yendo a terapia con la psicóloga y descubriendo que tenía que terminar mi relación cuanto antes pues me estaba afectando en el proceso de sanación.
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Yo tenía 3 años con mi pareja y como lo he comentado, también era mi jefe y socio, tenía 7 años de conocerlo y ser parte de la Empresa. Tuvimos una relación tóxica desde que nos conocimos, pues es el tipo de relación que sabe dar en lo personal y laboral. Obviamente al principio no sabía distinguir a una persona así, eso lo aprendí en terapia, razón por la que evito culparme por lo que viví durante tantos años, pues nuestra diferencia de edad era de 10 años, claramente él sabía lo que hacía, mientras yo no tenía la madurez para comprender la manipulación. Fue tanto tiempo que normalice sentirme cansada, estresada, desconfiada y fastidiada, estados de animo que no ayudaron a mi salud y crearon el ambiente perfecto para desarrollar la enfermedad, ya que de alguna forma mi cortisol siempre lo tenía elevado.
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Después de todo lo que atravesé, algo dentro de mí había despertado y estaba decidida a terminar lo que no me permitía sanar y avanzar. Es por eso, que los siguientes meses fui muy cuidadosa con la forma en la que la relación se iba deteriorando, a tal grado que, a principios de junio terminamos por común acuerdo, de forma tan pacífica que seguí trabajando con él por un tiempo más.
A principios de junio, inicie con las 5 sesiones de radiocirugía, fueron mejor de lo que esperaba, no tuve ningún efecto secundario más que cansancio durante esos días, una vez que terminaron el Dr. Cancel me pidió que me realizara nuevamente otro PETCT Ga68 DOTANOC para ver el resultado del procedimiento, solo tenía que esperar un par de meses para no recibir radiación de forma seguida.
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Para ese entonces, yo estaba 100% recuperada, realizaba ejercicio regularmente y había conseguido regresar a mi peso sin estrés, además, mi cara había vuelto a la normalidad.

Día 1 - Durante la primer radiocirugía

Día 5 - Al finalizar la última radiocirugía
Días después, visite a la Ginecóloga para mi chequeo anual, al platicarle lo que atravesé, no podía creerlo. Además, nos sorprendimos al ver que mis ovarios estaban en perfectas condiciones, y el SOP había desaparecido, lo que nos hizo concluir que claramente el SOP fue una enfermedad secundaria del Síndrome de Cushing.
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Mientras esperaba el siguiente estudio, sabía que tenía que dar el último paso pendiente, cambiarme de trabajo. Estaba muy confundida porque jamás me había imaginado en otra empresa, además de que mi jefe me había hecho creer por tantos años que económicamente no me iría mejor en otro lado y esos pensamientos resonaban en mi mente​.
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La psicóloga me recomendó retomar un viaje pendiente que había programado durante el 2020 a Paris a visitar a mi hermana, de forma que tendría una fecha limite para realizar ese cambio. Y así fue, agende mi vuelo para irme a finales de octubre, por lo cual me quedaban 6 semanas para dejar el trabajo y encontrar uno nuevo.
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Tuve dos ofertas de trabajo, ambas fueron similares en sueldo, la diferencia fue que una pertenecía al giro que estuve acostumbrada por años, es por eso que me decidí por la otra opción, para salir de la zona de confort y aprender una nueva forma de relacionarme con el cliente.
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Durante ese tiempo, tenía el estudio PETCT Ga68 DOTANOC pendiente, quería esperar que pasará mi viaje programado, pues aunque una parte de mi estaba segura que saldría bien, otra parte no quería dar espacio a arruinarme el momento si así no lo era.
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En septiembre, cumplí mi objetivo físico de subir el cerro de la silla, era una meta que había puesto mentalmente mientras estaba en cuidados intensivos, me decía a mi misma que en tan solo 1 año estaría subiendo el cerro, y así fue, lo subí, me sentí realmente bendecida.
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A los meses de haber terminado mi relación comencé a salir con alguien más, esta pareja de alguna forma me apoyo mientras tomaba la decisión de terminar mi relación laboral, soy fiel creyente de que las personas llegan a nuestra vida por una razón y algunas tienen una misión en nuestra vida y nada más. Así fue esa relación, buena por pocos meses, justo el tiempo suficiente para que logrará cortar mis lazos con mi jefe y diera el brinco hacia otra experiencia laboral.

Mi salida de la empresa no salió como esperaba pues me hizo una contra oferta al ofrecerme más de la cantidad que me habían ofrecido, incluso doblando el sueldo que tenía. No podía creerlo, pues habíamos hablado del tema infinidad de veces y de la “nada” ahora la empresa podía pagarme lo que merecía. Obviamente no acepte la propuesta dejando claro que se trataba de salud mental.
En noviembre viaje a Paris a ver a mi hermana con mi Mamá, fue un viaje hermoso, donde pude disfrutar mi vida sin tener ningún pendiente pues no estaba laborando en ese momento en algún lugar.

A la semana que regresé de Paris comencé a prestar atención a mi relación amorosa actual, dándome cuenta de las banderas rojas que existían en el comportamiento de mi pareja, razón por la que decidí terminar la relación pues ya había aprendido mi lección y no estaba dispuesta a dar ninguna oportunidad.
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Llego diciembre y seguía sin realizarme el PETCT Ga68 DOTANOC, en mi pensamiento no tenía caso hacerlo en ese momento, ¿para qué? No quería arruinar la Navidad si algo no salía como esperaba. Sin embargo, de alguna forma estaba tranquila, pues ya había sacado lo tóxico en mi vida, y estaba lista para recibir todo lo bueno que me merecía.
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Aún así, dejé pasar Navidad y le di la bienvenida al año nuevo 2022.
2022
Sigo sorprendida de la forma en la que la vida me compensó este año, 4 días antes de finalizar el año 2021 conocí al amor de mi vida, en ese momento no sabía lo importante que se volvería para mí esta persona, ya que lo conocí cuando menos lo esperaba y de la forma más inesperada, fue un click instantáneo, no había duda alguna.
Inicié el año con situaciones estresantes, todo me pasaba, sin embargo, lo tomaba con gracia, pues si no se descomponía una cosa, era otra, la diferencia es que ahora entre tanta situación que me pasaba, ahí estaba mi novio, listo para ayudarme sin importar lo que fuera y sin esperar algo a cambio.
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Recuerdo que desde el momento que le conté mi historia (en la primera cita por supuesto), me insistió en que me hiciera el estudio pendiente, sin embargo, estaba decidida hacérmelo después de cumplir mis 32 años, mi justificación era que ya habían pasado 6 meses desde que tenía que hacérmelo, dos meses más no harían la diferencia.
Me dedique a disfrutar la vida y a dejar que esta relación siguiera su curso dejándola fluir a su ritmo, de alguna forma tenía el presentimiento de que él había llegado para quedarse para siempre, pues además de haberse ganado mi corazón, había logrado tener una relación con mi hijo que nadie más le había dado, ni si quiera su papá.
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Yo me sentía muy bien, no había ningún dolor ni signo de enfermedad, al contrario, tenía muchísima energía pues con el compartía el amor por escalar los cerros, todos los fines de semana tenemos una meta por cumplir.


Topo Chico
Pico Horcones
Pico Piquin
El Sapo
La EME
Nido Aguiluchos
Cerros en Nuevo León
Dentro de ese mismo mes, el Dr. Hinojosa me invito a platicar mi experiencia a los estudiantes de endocrinología de la UANL. Yo estaba encantada de platicarles mi historia, pues, aunque tengo toda la disposición de seguir apoyando a las personas en el camino de ser diagnosticadas, para mí el verdadero cambio está en ellos, los estudiantes, pues si el día de mañana que ejercen recuerdan algo de la plática que les compartí, tendrán en su mente la enfermedad y estoy segura lograrán identificar más casos que los que hoy en día se diagnostican, pues dicen que es una enfermedad rara, ¿será? o realmente el diagnóstico es difícil y al no ser un camino tan conocido mejor le sacan la vuelta.
Una vez que paso mi cumpleaños fui hacerme el estudio pendiente, el PETCT Ga68 DOTANOC, nuevamente viví las 24 horas más estresantes, de verdad nunca lograré acostumbrarme a ese sentimiento donde ves pasar tu vida durante esas horas y le ruegas a Dios que nada cambie, menos ahora que eres tan feliz y compartes tu vida con un gran hombre, pues todo en nuestra relación encajaba tan bien que para ese momento ya habíamos comprado una perrita y nos habíamos ido a vivir juntos.
Un día después fui a ver al Dr. Cancel para interpretar mis resultados, fue la primera vez que fui acompañada por mi pareja, ahí estaba con él esperando ser atendida, súper nerviosa mientras él me hacía reír para bajar mi ansiedad.
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Una vez que pasamos con el Doctor, sostuvo mi mano toda la cita, yo podía sentir su energía, él también se encontraba bastante ansioso, hasta que del Doctor salieron las palabras “Felicidades, estas curada” no tienen idea de la felicidad que sentí, es algo indescriptible, es el sueño después de toda esta historia. Por fin, mi Oncólogo me felicito y sonrió conmigo.


Nerviosos en el consultorio
Me siento la mujer más afortunada del mundo, por primera vez todos los aspectos de mi vida se encuentran en armonía, por fin tengo:
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Salud física y emocional, que es lo más importante, donde le gané la batalla a la enfermedad y recuperé mi estabilidad emocional.
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Trabajo, estable que además disfruto y me permite crecer en todos los aspectos de mi vida sin poner en riesgo mi salud mental.
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Pareja, tengo la relación que merezco, llena de amor, comunicación, respeto, y admiración, donde todo es reciproco, y me permite ser yo misma.
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Familia, completa y con salud, un hijo que puedo seguir viendo crecer y acompañarlo en su vida, unos papás que me regalaron su tiempo y fuerzas para salir adelante, hermanos que jamás me soltaron.
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Amigos, que fueron empáticos conmigo y con mi familia, acompañándome en todo el proceso para que me sintiera acompañada, además diariamente me pusieron en sus oraciones para que me recuperará.
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Dios, que jamás me soltó y me acompaño en este proceso y me hizo el milagro para que siguiera aquí.
No puedo pedir algo más, ahora puedo disfrutar cada momento.
Espero que mi historia les ayude en algún aspecto de su vida, ya sea a encontrar su diagnóstico o a nunca rendirse. Pues, si estás pasando por una enfermedad difícil es importante conservar la salud mental para no darse por vencido, pedir ayuda cuando sea necesario y empujar hasta encontrar las respuestas, para nadie tu salud es más importante que para ti, si tú no te preocupas por tu salud, nadie más lo hará. Lee, desafía a tus Doctores, sigue tu intuición, si no te convence la respuesta que te dan sigue empujando hasta sanar.
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Fue importante para mi platicar todo el contexto que viví, pues muchas veces todo lo que no soltamos de nuestro entorno que nos hace mal, termina cobrándole factura a nuestro cuerpo. Creo fielmente que ese fue mi caso, si yo no hubiera vivido estas enfermedades, estoy segura seguiría exactamente en el mismo lugar que hace 2 años, conformándome con una relación y un trabajo que solo me quitaban paz.
Y la paz, es lo que esta experiencia me hizo poner en primer lugar en mi vida, que nadie me la vuelva a quitar, pues además de haber aprendido amarme, aprendí a sanar mi alma y espíritu al mismo tiempo que mi cuerpo se recuperaba.​
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Aún recuerdo todos esos momentos que temblaba de coraje porque me denigraban como profesionista o mujer, recuerdo que en muchas ocasiones mis compañeros me lo hacían ver pues literalmente mi cuerpo temblaba. Cuando atraviesas por una relación toxica (de cualquier tipo) comprendes que salir es más complicado de lo que parece, pues suele existir una dependencia que es difícil soltar ya que es invisible, rara vez te das cuenta que estás viviendo una si no tienes las herramientas necesarias para detectar todas las banderas rojas que se van presentando.
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Esta experiencia también me hizo aprender que nunca es tarde para cerrar los ciclos que no le hacen bien a nuestra vida. Al contrario, cuando los cierras te abres al universo, a lo bueno y a lo que mereces y estas disponible para lo que llega, eso que tanto anhelas en tu corazón.
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Agradezco que se tomaran el tiempo de leer mi historia, decidí compartirla como parte de mi festejo del 2ndo aniversario de la lobectomía de pulmón, donde literalmente volví a nacer. Pues, una de las promesas que le hice a Dios fue el contar esto para ayudar a las personas, es bien importante no dar nuestra vida por segura, yo también creí que jamás me pasaría algo así, es por eso que hay que disfrutar todos los días y recordar que no tenemos un día más, realmente es un día menos. Lo que me sucedió me hizo aprender a vivir, ya que no sabía como iba terminar esta historia, no tuve la certeza de que iba tener oportunidad de contarla.
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Quiero agradecer a todas las personas que me apoyaron durante este proceso, a todas las personas que donaron sangre para mis cirugías, a los que fueron y no se los permitieron al no ser candidatos y a los que difundieron mi necesidad de encontrar donadores, pues sabemos fue en un momento difícil ya que todos buscaban donadores para la gente internada por COVID.
¡Gracias!
Gracias a mis papás por estar conmigo en cada parte del proceso, por haber sido fuertes para sostenerme, por haberme escuchado, alentado y cuidado. No me imagino lo difícil que fue para ustedes verme enferma y esperar horas a que saliera de las cirugías esperando recibir la mejor noticia, jamás olvidaré sus caras de preocupación en todo el proceso, sus ojos de compasión al verme en cuidados intensivos y sus besos llenos de amor. Gracias Papi, por acompañarme a cada consulta, por cuidar a mi hijo mientras estaba en el hospital y por darme siempre tus palabras de aliento, gracias por todas esas veces que me escuchaste llorar al teléfono, gracias por ser tú. Gracias mami, no estaría aquí sin ti, gracias por cuidarme, desvelarte conmigo y literalmente curar mis heridas físicas y emocionales. Gracias por tenerme la paciencia y ser espectadora en mi proceso emocional, sin juzgar, al contrario, siempre disponible para escucharme y hacerme las preguntas necesarias que necesitaba escuchar para mi evolución. Gracias por sanar conmigo, por todo el tiempo y amor incondicional que me disté cuando más lo necesité, estoy agradecida con Dios porque gracias a esta enfermedad construimos muchos recuerdos juntas que nos unieron más.
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Gracias a mis hermanos, porque sé cuanto sufrieron conmigo, a mi hermano que simplemente no podía verme porque le causaba mucho dolor verme sufrir. Gracias hermanita por ser mi confidente, por escuchar cada llamada, leer cada mensaje cuando no podía más, no puedo creer la forma en la que estuviste para mi todo el proceso, gracias por darme ánimos para no dejarme vencer, y sobre todo por ayudarme a darle valor a mi esencia cuando no me reconocía.
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Gracias a familia extensa porque siempre estuvieron al pendiente de mi y de mis papás, gracias por apoyarme económicamente y por donarme sangre para que mis cirugías se llevaran a cabo.
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Gracias a mi amiga Karla de Guadalajara, a quien conocí en un grupo de apoyo de Cushing y me ayudo a solicitar los exámenes que necesitaba con el Dr. Robles, gracias por acompañarme con tu experiencia a vivir el proceso, fuiste un ángel para mí.
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Gracias a todos mis amigos que me acompañaron en este proceso, por escucharme, investigar conmigo, acompañarme, consentirme, y saber que estaban conmigo a distancia, sobre todo a Emilio, Anahí, Dalith, Karen y Mónica, que me escucharon mil veces hablar del mismo tema.
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Gracias a mi novio, pues aunque llegaste al final del proceso, has estado para escuchar cada catarsis que vivo al recordar lo que atravesé; has amado cada cicatriz en mi, porque gracias a tu paciencia y amor me ayudas diariamente a seguir siendo la mejor versión de mi conservando mi paz mental para que nunca vuelva a elevar mi cortisol. Porque por primera vez en la vida me hiciste sentir acompañada. Gracias por el gesto hermoso de tatuarte lo que quedo de mis pulmones del mismo lado donde inicia mi cicatriz. Eres el regalo más bonito que me dio la vida para compensar todo lo que viví.
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Gracias a mi hijo, porque siempre estuviste para mí, tan atento, servicial, siempre buscando como ayudar a Mami para que se sintiera bien. Gracias por ser como eres, ¡Te amo infinitamente, y todo lo que hago lo hago por ti, pues como siempre te lo he dicho, «yo haré todo lo que este a mi alcance para que viva muchos años para ti», tu eres y serás siempre mi único motor para que siga saliendo adelante y jamás me dé por vencida.
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Gracias a Dios por esta experiencia, que me permitió volverme acercar a ti, a recuperar mi espiritualidad, a saber que no estoy sola, gracias por darme esta experiencia, porque gracias a esto ahora sé lo que vale mi salud, ahora valoro cada uno de mis momentos, ahora valoro simplemente despertar. Gracias por darle sentido a mi vida.
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Con amor,
Karla